Yo me capacito, tú me capacitas, nosotros somos capaces...

Nacimiento y evolución de LA HUERTA VIRGEN INMACULADA.  

 
 

 

“La única forma de encarar el porvenir es, con la ayuda de Dios, desafiando a la hazaña.”

     Somos conscientes de que “para tener la autoridad de escribir una sola página, es necesario haber leído por lo menos cien libros”; en consecuencia, lo único que nos da una relativa inmunidad literaria  es confiar en que aquellos que tengan la paciencia de leer esta nota, sean piadosos con quienes debimos escribirla.

     La única pero pretenciosa intención de este artículo es la de ser el medio de compartir cierta información con otros que, como nosotros, están cansados de oír hablar del hecho de que es inconcebible que en nuestro país haya gente que pase hambre y lo que es aún más terrible, que la haya en proporciones inauditas.

     Mucho se oye hoy hablar de solidaridad, de acción social, del propiciar micro-emprendimientos, de huertas, de grupos aunados en el esfuerzo para proveer al bien común. No es necesario prestar demasiada atención para ver claramente que nuestra COMUNIDAD MARIANISTA, aún siendo básicamente educativa, cuando todavía estos términos no eran tan “mediáticos”, los asumió a todos ellos también como parte de su existencia. Hace muy poco el Presidente de la Asociación de Padres, Dr. Morrone, dijo: “Pocos colegios (como el nuestro) tienen la gracia de conformar equipos de trabajo al servicio de la comunidad.” 

    Sabemos que sería redundante destacar, también aquí, las extraordinarias actividades  desarrolladas por las comisiones, subcomisiones y grupos misioneros, quienes  con sus trayectorias nos enorgullecen a todos los que integramos la Familia Marianista. 


     Es simplemente por ello que ahora sólo hablaremos de:  

LA HUERTA VIRGEN INMACULADA.

     Antes que nada es importante transcribir un informe oficial del  Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA):  “...suena increíble que para abastecer de hortalizas a 40.000.000 de personas (algo más del total de la población de nuestro país) haga falta trabajar sólo 1.000 km2, es decir un rectángulo de 40 km. por 25 km.”

Foto:  Ing. Janine Schonwald en una capacitación del proHuerta

     En este punto es imprescindible recordar que la superficie de la Argentina continental es de 2.791.810 km2 y que solo nuestra pampa oriental tiene una superficie aproximada de 500.000 km2.- 

¡¡¡ y estamos hablando solamente de 1.000 km.2 !!!  

     Considerando la descomunal superficie ocupada por tierras fiscales muy fértiles, POCOS PAISES EN EL MUNDO, están en condiciones (sin tener que recurrir a irritativas reformas agrarias) de SATISFACER ABSOLUTAMENTE TODAS LAS NECESIDADES ALIMENTICIAS DE SU PUEBLO.

Y aún así, muchísimos de nuestros hermanos pasan hambre. 

     Originalmente (junio de 2002) un grupo de mamás y papás (de alumnos y de ex alumnos) simplemente nos sumamos a un sueño. En realidad a sólo una parte de un sueño, ya que el Proyecto a desarrollar en el Barrio Ramón Carrillo por la Comunidad Marianista con el Hermano José Manuel Navarro Floria a cargo, era y sigue siendo, comprensivo de un aspecto social y pastoral mucho más amplio.

     En ese momento quienes nos incorporamos, si bien lo hicimos teniendo como meta la viabilidad económica del proyecto a largo plazo, mucho más evaluamos la ineludible responsabilidad social de los integrantes en lo inmediato.

     La abrumadora mayoría de nosotros era (y lo sigue siendo) legos en la materia. El grupo solo contaba en ese momento, como guías e invalorables fuentes de consulta, con un ex alumno ingeniero agrónomo y dos estudiantes avanzados de esa carrera.    Algún artículo en un periódico o en una revista, mencionaba al INTA como el organismo al que podíamos dirigirnos para obtener una bibliografía puntual. Y así empezamos.

     Descontando que desde el primer encuentro que dio paso a este emprendimiento, nada fue casual sino la absoluta interseción de la Santísima Virgen, a Ella y solo a Ella se le pueden atribuir, también, los acontecimientos aparentemente casuales que finalmente vincularon de los integrantes del grupo con altas autoridades del INTA.

     Como seguramente muchos de ustedes ya saben, esta entidad gubernamental hace años desarrolla con éxito el llamado PROYECTO PRO-HUERTA que “es un programa de seguridad alimentaria dirigido a la población en situación de pobreza estructural (población NBI) y a la que está bajo la línea de la pobreza por pauperización por caída de ingresos”.

     El PRO-HUERTA aborda el tema de la seguridad alimentaria desde la perspectiva de la autoproducción de los alimentos por parte de los beneficiarios del programa, aportando el INTA la supervisión, capacitación, asistencia técnica y entrega de insumos.      

     Cuando este organismo tomó conocimiento del Proyecto amparado por la Comunidad Marianista, se articuló fuertemente con ella considerándola como una “de las organizaciones de la sociedad civil, que de forma solidaria asume una función de promoción, coordinación y acompañamiento de las actividades que desarrollan los beneficiarios”.

     Primero fue con la concurrencia personal de uno de sus más prestigiosos funcionarios, el Ing. Agrónomo José Luis Panigatti. Y valga aquí recordar un comentario de este Ingeniero, que además  se graduó en el exterior como Doctor en Filosofía. Cuando le preguntamos sobre lo aparentemente disímil de ambos títulos nos hizo notar el fenomenal vínculo que existe entre la tierra y la filosofía. “...es muy difícil que un hombre sienta que pertenece a una tierra si no la toca, si no está en contacto con ella”.        

     Después capacitando individualmente a algunos de los integrantes de la Comunidad (mamás, papás y ex alumnos) con el objetivo de que sean estos los que dieran los primeros pasos para la concreción de esa huerta de la que hablaban en el Barrio Ramón Carrillo de Villa Soldati.

     Posteriormente, la Ing. Agrónoma Janine Schonwald (encargada en ese momento de dictar los cursos en la Huerta Sin Barreras del Lenguas Vivas y en el Hogar Rawson), visitó el predio sin aviso y conversó con algunos de los habitantes del barrio que ya empezaban a acercarse y poco a poco transformaban la fisonomía del potrero.

     El día 8 de diciembre de 2002, después de la Misa que dio en la Capillita, el Padre Ramón bendijo la Huerta Virgen Inmaculada y a partir de ese momento se la consideró formalmente inaugurada.

     Sólo tres canteros sembrados -con tomates que provenían de unos plantines hechos en la casa de uno de los vecinos- decoraban los 900 m2 delimitados en ese momento.

    Lo que sucedió a partir de entonces no solo fue vertiginoso sino también indudablemente obra de la Divina Providencia. Porque por más que sean humanos el esfuerzo y el sudor derramado por los hombres y mujeres del barrio que se echaron al hombro las palas, los picos y los troncos para cercar el predio, esa Tierra Bendita nos dijo a todos, actores y espectadores, que esa era la forma recuperar la dignidad, que sin dádivas, pero que con esfuerzo y sacrificio, Ella recompensaba.

     Durante el verano, y después de varias visitas de inspección, el INTA estimó conveniente que por su desarrollo y ubicación geográfica la Huerta Virgen Inmaculada pase a ser el único Centro de Promoción y Difusión del Proyecto Pro-Huerta de ese organismo en la Ciudad de Buenos Aires y así lo propuso. Se delineó en conjunto un plan de trabajo que fue aprobado y los primeros cursos a particulares, docentes y asociaciones interesadas empezaron a dictarse en febrero (desde entonces se dan los días martes por medio y el curso completo es de 4 clases, otorgándose certificado de asistencia).

     El efecto multiplicador del ejemplo empieza a vislumbrarse desde el momento que a partir del comienzo del tercer ciclo (mediados de junio de 2003) se integraron a los cursos docentes y alumnos de la Escuela de Fátima quienes desde hace un tiempo pusieron en marcha un proyecto de huerta y cooperativa en dicha escuela y ahora esperan complementar sus conocimientos ya adquiridos, a través de una eficaz interacción con Virgen Inmaculada. 

     La Fundación Misión Marianista con su permanente respaldo económico y moral, todos los Sacerdotes y Hermanos de la Congregación que desde su aliento y presencia (a veces con una frase al pasar y otras con una visita motivadora) fueron el respaldo terrenal para no bajar la guardia cuando la empresa parecía excedernos.

     Mucho más simple hubiera sido hacer el mismo aporte en forma de dádiva. Pero el tiempo y el dinero empleados DIGNIFICARON  a los destinatarios porque fueron puestos a su disposición COMO  UNA POSIBILIDAD DE LOGRAR ALGO POR SUS PROPIOS MEDIOS.

     La huerta no fue funcional al sistema, las mujeres y hombres del barrio que ahora llevan a su casa un poco de verdura y algunos huevos, alivian aunque aún sea en una proporción mínima la economía de sus familias o mejoran su dieta, pero con algo que ellos mismos obtienen a través de su esfuerzo.      

     Hoy, a menos de un año de la inauguración,  abrazan a la Capilla Virgen Inmaculada 1.840 m2 de vida, y allí donde solo habían restos de automóviles robados, envoltorios de droga consumida y botellas vacías de vino y licor, crecen la esperanza y la figura de nuestra Santísima Madre.

     No somos ningunos ilusos, sabemos que simplemente es un faro. Que debemos seguir prendiendo fuegos aquí y allá.

     Pero solo así podemos hacer algo realmente por nuestro prójimo. Individualmente cada uno de nosotros solo podríamos  contentarnos con darle unas monedas a quien se acerca a nuestro automóvil a limpiar el parabrisas o cuando antes de cenar, le bajamos un sandwich al chiquito que todas las noches viene a revolver la basura en la puerta de nuestras casas.

     Y las cosas seguirían igual. 

     Pero juntos, como una verdadera Familia Católica Comprometida,  seguro que aunque sean unos pocos, vamos a quitarle a este sistema perverso algunos condenados a la miseria y a la desesperanza.

     Cada vez somos más y los sueños cada vez más realidades.

     Ahora, de la mano de un grupo de ex alumnos marianistas, llegan jóvenes en situación de riesgo que cursan el secundario nocturno en el Colegio Nuestra Señora de Fátima. Vienen para sumarse a los pioneros del barrio no solo en el cuidado y atención que requieren los setenta canteros ya existentes, el gallinero con sus treinta ponedoras, el vivero repleto de plantines y el permanente mantenimiento del cerco perimetral,  sino para agregar brazos a la concreción de más canteros en el nuevo espacio delimitado, a la conclusión de la oficina-depósito, a la realización del horno ladrillo y barro y a preparar las “camas” en el lombricario para que las lombrices californianas provean a la huerta de humus (que es el mejor y más natural nutriente para la tierra).

     Por último una reflexión grupal. Ninguno de los que empezamos con sólo voluntad de servicio y ganas de dar, imaginamos el caudal de cosas  que íbamos a recibir a cambio. Fue mucho más lo recibido que lo dado. Y un solo ejemplo basta de muestra, no hubo jornada que no terminara en una de ronda de mate con bizcochos caseros ofrecida en cualquiera de las casas que se abrieron de par en par. Igual que los corazones de esa gente que pensábamos ayudar y que en realidad nos ayudó a ser un poquito mejor. Paradojas que suelen darse cuando está presente la MANO DE DIOS.

 
 

Texto enviádo por Manolo Navarro [sm_manolo@hotmail.com]

Foto: Infohuertas