Infohuertas No. 3

Editorial:  El pensamiento orgánico 

_ Y después de esa época, ¿la consigna cambió?

_La consigna no ha cambiado - dijo el farolero- ¡Ahí está el drama!  De año en año el planeta gira más rápido y la consigna no ha cambiado. 

 (El Principito, Antonie de Saint-Exupery)

Hablamos y producimos orgánico.  ¿Pensamos y actuamos como producimos?

   Barbecho químico -fertilizante- semilla transgénica -herbicida selectivo -insecticida sistémico- fertilizante foliar específico -hormonas de crecimiento -hormonas de maduración- saborizante- vitaminas sintéticas -conservantes- packaging -marketing.  En esta sátira de la nutrición se ha convertido gran parte de la industria alimenticia y de la mentalidad productiva.  Hay quienes dicen que somos lo que comemos.  Esto será discutible, pero lo que es evidente que producimos nuestra comida así como pensamos.

    Aclaremos: para producir, necesitamos un sistema conceptual.  Y según sea nuestro sistema conceptual y el modo de relacionarnos, será nuestra forma de producir.  No se trata de reflexionar sobre el huevo y la gallina, pero sí de reconocer que hay una relación entre ambos.

 El peso de los descubrimientos

   En los últimos años las nuevas investigaciones científicas están quitándole todo sustento a los anteriores paradigmas de la ciencia, los cuales  defienden  su posición lograda en el mundo del conocimiento a capa y espada .

    Veamos dos ejemplos sencillos donde actúan los nuevos paradigmas: 1. Se están desarrollando tratamientos eficientes para la osteoporosis y 2. Se están realizando investigaciones revolucionarias en el campo de las ciencias neuronales.  En ambos casos (y en muchísimos otros) se ha roto el pensamiento lineal convencional y al cambiar de modelo se ha llegado al extraordinario descubrimiento de que las cosas (afortunadamente) no son lo que parecían ser:  1. Hasta lo que se creía tan rígido y estático como un hueso no es una mera acumulación de calcio y fósforo en una estructura dada por células que luego dejan de funcionar;  y 2: Una neurona no es una célula que nace, crece y se muere:  los huesos y las neuronas se regeneran.  Los átomos que conforman las neuronas y los huesos son reemplazados constantemente por otros, los huesos y las neuronas tienen capacidad de autorepararse y reincorporar información (átomos) del ambiente, sólo hay que permitir, facilitar  o reconstruir las condiciones  (solidarias) para que esto funcione.

Las nuevas evidencias llevan a un cambio de visión

  La nueva revolución en la ciencia se da a partir del reconocer que los procesos no son tan lineales como parecían ser.  De que muchos caminos pueden conducir al mismo resultado, aunque también, que cambios ínfimos pueden producir modificaciones sorprendentes.  De esto surge un nuevo movimiento que no pretende tirar todo por la borda, destruir, criticar y defenestrar todo lo construído sino que reconoce lo limitado del enfoque dominante y reconoce la necesidad de desarrollar nuevos modelos conceptuales que sean coherentes con la catarata de evidencias sistemáticamente rechazadas por el modelo anterior.

   Estas evidencias son tan poderosas que se trasladan y afectan, como nunca antes, a la vida cotidiana.  A la revolución científica se suma además la revolución informática que potencia a la primera:  una computadora coherentemente programada por un estudiante de sexto grado puede recoger en unos minutos de búsqueda de internet más información de la que disponía Copérnico, Darwin o Florentino Ameghino.  Entre la informática y la ciencia se han desplomado la mayoría de los paradigmas, que sólo siguen sosteniéndose todavía por la ignoracia y la inercia.

 Aceptar los cambios o conservar el status quo

      Pero, lamentablemente, en el afán de buscar una idea organizadora que apuntale los paradigmas que se desmornan o en el esfuerzo por defender espacios arduamente conquistados, muchos echan mano a fórmulas polarizadoras que en otros momentos han dado resultados formidables: el bien contra el mal (o el mal contra el bien, según donde uno decida pararse).  Los anti y los pro se disputan espacios en un sistema conceptual que está colapsado y aplican técnicas de supervivencia que perjudican a propios y extaños. 

     La transferencia desde la esfera científica hacia las esferas culturales, sociales y políticas siempre ha sido un proceso traumático.  Pero ahora se encuentran muchas veces bloqueados, en todo el mundo,  sus canales normales (universidades, medios de comunicación, publicaciones especializadas, organismos de gobierno) ante una muralla de intensos conflictos de intereses personales o corporativos, mercantilistas, manipulada por parcialidades, vacía de valores y donde lo que menos importa es el conocimiento, la necesidad y el bien común.  Otras tantas, los decisores (quienes toman las deciciones) perciben que fuera de los edificios sólidamente construídos, el mundo está cambiando.  Pero sienten que atrapados en el sistema, solo pueden observar por la ventana y no encuentran la forma de abordar esta realidad sin abandonar el edificio ni tirarlo abajo.  No ven que como los huesos, también los edificios conceptuales deben regenerarse para seguir vivos y actualizados.

  Parece una contradicción que en la medida que los conocimientos científicos han crecido hasta lo superlativo, de modo que ya no caben en mente alguna, el hombre se haya empecinado en desarrollar sistemas tan netamente lineales como por ejemplo los actuales sistemas productivos "ultraeficientes". A pesar de ello, en  estos mismos sistemas se encuentran reflejados todos los conflictos: desde el enfoque más integral que desea mejorar el suelo y conservar el ambiente, hasta el de los grandes productores de biocidas.

El nuevo escenario

   Las contradicciones, decíamos, aparecen por doquier,  pero dentro de los nuevos paradigmas, se aprende a convivir con ellas.  En el tercer milenio los seres humanos comenzamos a aceptar concientemente realidades (nos gusten o no) por las que en otro momento hubiésemos degollado  hasta al mejor amigo: reconocemos que no todo es blanco o negro, no todos son doctorados o ignorantes, comunistas o capitalistas, globalizados o antiglobalistas, casados o solteros, e incluso hombres o mujeres.

  Mientras gran parte del mundo intelectual se queda paralizada o boquiabierta ante este escenario,  viéndo atónita este espectáculo como la peor catástrofe natural de la humanidad, surgen nuevas redes conceptuales que buscan explicar estos fenómenos y sentar las bases para  paradigmas que integren mejor los recientes conocimientos y las actuales realidades.  En este proceso comienza a generarse una sinergia entre opuestos que antes no hubiese podido tener lugar. 

 Se redescubren sabidurías de pueblos y culturas olvidadas o marginadas, se reúnen conocimientos ancestrales con modernas teorías, se vuelve la mirada hacia la naturaleza y la dimensión espiritual del ser humano, se reemplaza un modelo de explotación por una "Ciencia Gaia".   La competencia, la lucha por la supervivencia y la supremacía del más fuerte (satíricamente representadas en el "modelo nutricional" al comienzo de esta nota) dejan lugar a la tolerancia y a la convivencia de lo diverso, la negación y el temor a lo desconocido son reemplazados por la aceptación de las diferencias (por más que no las comprendamos), los modelos de imposición son reemplazados por modelos cooperativos, las espadas se transforman en arados.  

    Comenzamos a reconocer, por ejemplo, que mientras creíamos que la vida estaba en manos de un puñado de poderosos, en realidad era sostenida, entre otros, por millones y millones de microorganismos y vegentales que se ocupan de mantener la suficiente cantidad de oxígeno en la atmósfera, con una logística y coordinación que está aún lejos de nuestra comprensión. 

     Descubrimos que envés de perder tanto tiempo en definir y decretar los cargos y roles y poner rótulos sobre quién es quién (mirar el esqueleto),  podemos poner el foco en rediseñar y reconstruir y  las relaciones y las dinámicas creativas y constructivas (así como para tratar la osteoporosis se facilitan los procesos de reconstrucción e intercambio de átomos del hueso con el ambiente o como para inciar una huerta orgánica, pensamos en el desarrollo del sistema, más que en la productividad de una sola hortaliza).  

Y por casa, cómo andamos

  Es evidente que si nos proponemos transitar este camino, nuestro sistema agroalimentario será orgánico, o ecológico, si lo prefiere.  Transferirá todos estos conceptos a la producción de alimentos.  Produciremos nuestros alimentos como pensamos.  Aquí la producción orgánica abandona su lugar como resabio de visiones bucólicas y comienza a ocupar el lugar de una producción integral de avanzada.  El lugar que se merece. 

   Lo que es menos evidente, es que si comenzamos por la producción orgánica, lleguemos a pensar y a desenvolvernos en la vida cotidiana con los mismos conceptos con los que pretendemos producir.  Tal vez pasen algunas generaciones hasta que esto sea moneda corriente.  Envés de pelear con las hormigas o malezas, tendremos que enfrentarnos a nuestros propios prejuicios y aprendizajes lineales y hasta aceptar y tolerar nuestras propias contradicciones.  Poner el foco en generar espacios de acción y comunicación útiles en los que puedan enriquecerse todas las partes.

     Integrar  la agricultura que proponemos  a nuestra cultura es un desafío al menos interesante.  Podemos tomarlo, o dejarlo para las generaciones futuras.  Y según nuestra opción, será también el mundo que les entreguemos.

    

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