EDITORIAL INFOHUERTAS No.18: 

 
 

 

 Inmundis Globalis  

                                          

 

Si el conocimiento puede crear problemas, no será a través de la ignorancia que podamos resolverlos.

 

¡No existen las naciones! Únicamente existe la humanidad. Y si no logramos comprenderlo pronto, no habrá más naciones, pues no habrá más humanidad.

El aspecto más triste de la vida actual es que la ciencia gana en conocimiento más rápidamente que la sociedad en sabiduría.

Isaac Asimov

 

     Haz lo que te digo y no lo que yo te hice...


     En 1534 un noble y afortunado (en dinero) señor de la madre patria partía hacia el Mar de Solis con la venia real y financiado por sus propios medios en una Jornada de Indias, para llevarse lo que encontrara, pero fundamentalmente en busca de remedio para las consecuencias de sus no tan castos hábitos: necesita desesperadamente curar su sífilis.
     Sitiado por querandíes y tehuelches (luego de que éstos sufrieran reiterados maltratos, traiciones y vejaciones), el Adelantado, regresa a España más enfermo que nunca y muere en altamar. No se imaginaría Don Pedro de Mendoza que casi 500 años después de su desafortunada epopeya un simple cargamento de mandarinas que viaja desde la Argentina al viejo mundo, produce alli mayor escándalo que su frustarado tour por las Indias Occidentales. La cancrosis que portaban las mandarinas, una bacteria que ataca los cítricos, entrecerró los puertos europeos para las frutas Argentinas. 

“la gente no tenía qué comer y se moría de hambre". 

La situación fue tan terrible y el hambre tan desastroso 

que no bastaron ni ratones, víboras y otras sabandijas;

 tuvimos que comer

  hasta los zapatos y cueros...” 

(Ulrico Schmidel, soldado bávaro 

y primer cronista de la

 ciudad de Buenos Aires)

 

 

 

     Tampoco imaginaría Don José de San Martín que un país de América del Norte, aliado de la Argentina en su campaña libertadora, y que le brindó apoyo con su flota para que el Padre de la Patria pudiera desembarcar en Perú, doscientos años después detendría un cargamento de limones argentinos en tránsito hacia el Canadá debido a una denuncia anónima por bioterrorismo, en momentos en que en el Tucumán se encuentra el vivero de limones más grande del mundo y la Argentina  está peleando por ingresar en nuevos mercados con sus productos agrícolas.

     Pasan años y siglos pero la distancia entre los discursos y los hechos, entre las intenciones y las palabras se achicaron tanto como la distancia del Sol a la Tierra en igual período.

     Por otra parte, es curioso observar que a pesar de tanta supuesta conciencia sanitaria y normativas sobre calidad alimentaria, luego de más de veinte o 30 años de proclamas, los productos orgánicos (que presuponen excelencia) solamente interesan a poco más del uno porciento del paladar del primer mundo. 

 

     Por lo expuesto, no resulta demasiado claro entonces, si los argumentos de calidad y sanidad alimentaria (mucho menos perjudiciales y contagiosos que los del Adelantado) ahora son verdaderamente en defensa de valores sostenidos por los consumidores conscientes y responsables o, simplemente, criterios comerciales o políticos para manipular el mercado y comprar lo más barato posible.

Visión animal

     En este mundo que demuestra tanta ejecutividad y normativa preservativa a la diestra, no es extraño que hasta los macacos quieran empezar a caminar erguidos: en un zoológico de Israel y tras recuperarse de una infección gástrica una mona decidió que era hora de levantar los cuartos delanteros del suelo y seguirle el paso a los humanos y fue titular de la prensa mundial por imitar a los bípedos. Se asombaría la misma macaca si viera una de las caras siniestras de este mismo planeta que se ostenta no muy lejos del zoológico modelo que la alberga: mientras la más mona recibe cuidados y asombros, a pocos trancos de allí sus nuevos parientes más evolucionados huyen desesperados ante el atropello de sus derechos humanos y sus viviendas por las topadoras y el inexorable avance de un muro de hormigón de más de ocho metros de altura, más alto y largo que el ya demolido muro de Berlín, y más efectivo que la muralla china. Condenado por las naciones que - unidas- no condenaron la invasión al desierto más rico en petroleo pocos meses atrás, el monumento a la incapacidad humana de construir lazos de fraternidad y amistad se construye a pasos redoblados, zigzagueando ente bienes propios y ajenos, dividiendo bienes y agrupando odios.

     Mientras tanto, en Africa, continente donde los gorilas se están extinguiendo a la par de los humanos, un millón de refugiados esperan que lleguen suficientes alimentos a sus campamentos (que frecuentemente son "descartes" del primer mundo que no certificarían ni en su propia patria). Las madres desconsoladas y resignadas miran cómo sus hijos van perdiendo hasta el color de sus cabellos por inanición y sus gobiernos, que tomando alternativamente partido por uno u otro bando de diferente religión, aldea o costumbre, hacen poco más que mirar como los ciudadanos se destrozan entre ellos.

Sueño de grandeza o deliriun tremens

     En el otro hemisferio y en el nuevo continente, unos sietemil latinos se empeñan noche tras noche por cruzar otro desierto que separa la pobreza latinoamericana de la abundancia de la nación más próspera del mundo. Mil millones de dólares se invierten todos los años para sostener la frontera más absurda del mundo frente a un avance trágicamente inevitable. Los empleados que la defienden son en su mayoría, latinos que han logrado ingresar en el país vecino y ahora con empleo legal y cumpliendo nuevos roles, reyectan a sus ex compatriotas de nuevo al país de sus progenitores.

     Sobre altamar se proyecta construir el primer ascensor espacial que llevaría, desde una plataforma marina y trepando por una cinta de fibra de carbono, a cuanto cristiano quisiera subirse a una base que se situará a un décimo de la distancia que separa la tierra de la luna. Mientras este proyecto madura, ya se puede, depósito bancario mediante, disfrutar de los primeros tours en naves espaciales construidas por y para civiles; inversión sostenida por un cibermagnate que por otra parte demuestra mayor interés que su propia patria en combatir el Sida en el por demás castigado continente africano, donde según los científicos habrían nacido Adan y Eva.

     Como en la época de los dinosaurios, algunos organismos se expanden y se ensachan hasta dimensiones bizarras, aunque su inteligencia da muestra de tener menos trascendencia que el peso de sus pisadas: Casi al mismo tiempo que se iba al cielo (o a donde su destino lo despache) uno de los artífices de la caida del comunismo soviético (y de algunos gobiernos sudamericanos), el portaviones más grande del mundo que lleva su nombre, daba la vuelta del atlántico al pacífico por la via sur, ya que el canal de Panamá resultó demasiado estrecho para permitir el paso a tanta ostentación de la inteligencia humanana aplicada a engordar los problemas envés de solucionarlos.


     Superadas por los efectos especiales de Don Miguel Moore (ahora confieso propagandista político) y su Fareheit 9/11, pasaron al olvido las pasiones de Jesucristo que poco tiempo antes obligaron a declaraciones mediáticas a cuanto pensador se preciaba de tal. Es que el cambio climático, cuando lo muestra la pantalla ancha, promete ser mucho más apropiado para definir elecciones y gobiernos que los protocolos de Kyoto sobre la reducción de los CFC's, el acuerdo de Estocolmo para la disminución y el control del uso de agroquímicos o la lucha contra la obesidad y las enfermedades cardíacas, aunque luego de la elección nada cambie.


Aqui ya no se cuecen habas, sino Maiz RR

     Condecorado por Greenpeace como empleado del mes de uno de los consorcios que monopolizan los agrotóxicos, la biotecnología y las patentes, finalmente el ministro de economía argentino liberó la utilización de maices transgénicos para el cultivo, resolviendo asi uno de los conflictos heredados de un gobierno del cual se dice diferente. Y como política, el estado le da más importancia a la transgenia que a la creatividad, privilegiando las semillas RR a otras revoluciones tecnológicas como pueden ser los nuevos métodos de cultivo y ensilaje desarrollados por la Argentina y que revolucionan la agricultura mundial. Los primeros pagan regalías, los segundos son copiados e imitados, incluso por empresas líderes.    El objetivo final:  sangrar al campo para tener suficientes retenciones que subsidien la incapacidad de producir cambios profundos.

De eso no se habla

     A pasos de la manzana de las luces de la ciudad de Buenos Aires, un puñado de revoltosos de pocas luces y muchas sombras fueron capaces de lograr lo que no puede hacer ninguna denuncia, ninguna manifestación ecologista, ninguna foto desgarradora en los diarios ni tampoco las marchas de Blumberg: que se conmueva el gobierno y la ciudadanía y los medios, desencadenando un efecto dominó que recién se cobró sus primeras piezas echando a jefe policial y ministro de seguridad.

     Hizo falta demoler hasta el anteúltimo árbol de la yunga salteña para que aunque más no sea por pocos días se hablara de que ya se había deforestado harto suficiente y que era hora de pensar en proteger los espacios naturales y recuperar los suelos. Internacionalmente se cantan loas científicas a la siembra directa que secuestra el carbono y podría reducir el efecto invernadero, mientras al mismo tiempo los paisanos se van acostumbrando a que por la necia e indiscriminada transferencia tecnológica se seque todo refugio marginal de vida silvestre e incluso que se pulverice sobre sus propios ranchos y pozos de agua con glifosatos, aunque sus hijos se mueran de leucemia. La revolución verde avanza a pesar de quienes viven en el campo. Aunque por esto no sólo no renuncie ningún ministro, sino ni siquiera un secretario comunal. Así como no renuncian por falta de políticas ambientales vinculadas a la agroindustria, tampoco renuncian por la falta de políticas respecto de la nueva industria marginal urbana: ni secustros, ni robos, ni asesinatos, tampoco la alta tasa de accidentes automovilisticos o el consumo de drogas o alcohol le quita el sueño a quien se enquiste en la función pública.


Del campo a la ciudad y de la ciudad a la nebulosa

     Y mientras el campo progresa y se traslada con todas sus luces a la ciudad en su espléndida Rural 2004, allí, en la Santa María de los Buenos Aires, donde pocos siglos  atrás Don Pedro de Mendoza pretendía encontrar la cura para todos sus males, ningún porteño piensa en apagar un solo foquito para ahorrar energía: avenidas, viviendas y vidrieras brillan ajenas a la crisis energética, mientras financiamos nuestro despilfarro con una -casi- crisis política de los bolivianos que nos venden sus recursos naturales para calefaccionar nuestra incapacidad de promover una cultura de un uso más racional de los recursos naturales y discutimos si es lícito o no exportar petroleo argentino cual si fuera agua; al mismo tiempo que importamos fuel oil de Venezuela.

     Redescubrimos nuestros sentimientos nacionales con Paturucito en el cine y vuelve a ponerse de moda el folclore, y el campo en la ciudad bate récords de público en la Rural 2004 pero a pesar de tanta emotividad criolla no reaccionamos aún sistémicamente ante los tristes e indignantes paisajes urbanos y rurales que le pintamos en el futuro de nuestros hijos, ni siquiera ante aquellos con los que convivimos a diario.


Piensa por mi

     Cual adictos, los humanos necesitamos alimentar nuestra capacidad de asombro y espanto a diario con noticias cada vez más colosales o bizarras. Lo importante ya no es encontrar el sentido de las cosas, sino disfrutarlas o padecerlas, aunque nos idioticen. Y elegimos y respetamos a nuestros dealers del morbo hasta transformarlos en heroes. Fagocitamos noticias cada vez más surrealistas y desechamos al borde del plato aquellas informaciones que podrían permitirnos un modo de vida social y emocionalmente más saludable. Concientes de esta estupidez y observadores pasivos impotentes para cambiarla, nos conectamos al suero de fabricantes de opiniones mediáticamente enlatadas que nos chupan las pocas horas diarias que tendríamos para ampliar nuestras capacidades y nos rendimos ante fraccionadores de limosna política a los que aprobamos con el voto hasta el balance más fraudulento. No sólo somos dependientes de nutrirnos con chatarra alimentaria y sensorial, sino que además necesitamos que nuestros dealers la preparen y fraccionen del modo más conveniente y nos lo sirvan en planillas de raiting, debates de conventillo y listas sábanas. 

     Tras la caía de las ideologías que encerraban sueños y aún delirios facilitándonos la interpretación de la realidad mediante lógicas que solo eran trajes a medida de sus protagonistas, ahora el mundo parece quedarse desnudo pero sometido.



Un pasaje por favor

     Ante una patología grave, hasta puede ser lícito que una persona sea declarada insana con la complicidad de jueces y peritos para trasladarla luego de un ambiente enfermo a una isla de recuperación. En nuestras latitudes llegamos al absurdo que una persona que se encuentra en esa situación, pida con la mano de Dios ayuda a la maxima autoridad política envés de recurrir a idóneos en la materia. Y, además, encuentra respuesta.   Pareciera que rige la premisa que la política todo lo puede, aunque nada lo resuelva.

     En un pais que aun se esfuerza en demostrar que la mejor salida es el aeropuerto, o cuentas corrientes en el extranjero, lo que podría servir para un individuo, no es aplicable a toda una sociedad (ni habría jueces capaces de firmar tal sentencia). Tampoco, honestamente,  sería fácil, encontrar un destino; discriminar entre sociedades más o menos saludables, si uno tuviera en cuenta todas las cuestiones humanas, pero también las ambientales, como lo son el uso racional de los recursos y la vinculación equilibrada con el resto del mundo, para no entrar a considerar cuestiones políticas o ideológicas.

 


Con los ojos abiertos


     Imagínese si Ud aterrizara entre los 350.000 campesinos de la franja de Gaza que quedan aislados de pueblos y escuelas por la muralla del siglo 21. O junto a los "espalda mojada" de México cruzando la frontera de noche sabiendo que muy probablemente, si no muere deshidratado, asfixiado, congelado o fusilado por algún comando de voluntarios defensores del sueño americano; con la salida del sol lo devuelvan a su lugar de origen. Tal vez en el camarote de un marín mirando lo lindo que es la tierra por tv satelital en el discovery chanel en la cubierta numero seis del superportaviones más grande del mundo, con dos motores nuclerares y una capacidad de autonomía de veinte años. O queriendo tomar mate junto a un formoseño a la sombra de un jacarandá secado por los herbicidas. O en un campamento de refugiados, junto a un africano mirando su cuenco de calabaza vacío. ¿Allí Usted sería capaz de abrir surcos y sembrar? ¿Dónde le aconsejaría al hijo de cada uno de ellos que plantara el árbol que le dará sombra y alimento a sus futuras generaciones? 

 

 

Solo se puede evolucionar con esperanza


     Una de las pocas cosas que queda claro ante tanta devastación real, virtual y potencial, es que nunca como hoy ha sido tan necesario sembrar y apostar al futuro. El futuro hace rato que ha dejado de ser aquel perpetuo mobile en el que confiaban nuestros abuelos y aún nuestros padres, ése definitivamente es un modelo agotado. Quienes no consideramos como la única opción ser catapultados al espacio en busqueda de una vida mejor, ni pensamos quedarnos con los brazos cruzados mirando la vida como una telenovela; necesitamos visceralmente proyectar sueños e ilusiones sobre algo más concreto y operable que discursos de barricada o dialécticas virtuales: Si hay dónde sembrar y dónde construir el futuro para nuestros hijos, ha de ser en algún lugar de este planeta. Y salvo respetables excepciones, este lugar para cada cual no ha de ser muy lejos de donde está ahora sentado leyendo este texto. El trabajo individual y local y el apoyo recíproco y la comunicación en red son esenciales para fotalecerse personalmente y construir vínculos sinérgicos.

    ¿Tiene las herramientas listas? ¿Consiguó semillas medianamente apropiadas? ¿Le restan fuerzas para abrir la tierra? ¿Tiene la información mínima necesaria para comenzar? ¿Y el coraje? ¿Y la inspiración? Usted se encuentra en una situación de privilegio.  Si algo sabe el cultor de la tierra es que lo que hoy no se siembra mañana no se cosecha, ni pasado tampoco.  Y que tras el acto creativo de la siembra, se inicia un largo esfuerzo de cultivo. Pongamos manos a la obra. En este planeta aún hay mucho suelo por mejorar, muchos árboles por plantar, muchas esperanzas por germinar, mucho amor para compartir, mucho conocimiento por desarrollar y muchos sueños por cultivar. 

     Aunque parezca mediocre, hacer nuestra propia huerta y compartir esfuerzos con la familia, amigos,  compañeros y alumnos, no sólo nos facilita el consumo de alimentos saludables, sino que también nos acerca a la concresión de nuestros propios sueños y nos hermana con la vida. Es una expresión de nuestros deseos y un modo de comunicarlos y compartirlos. Claro que no ha de ser el único, sino esta experiencia se transformaría en una más de las tantas terapias de contención o catarsis de alienados, tan funcional como las que criticamos. Pero reencontrarnos con la tierra y cultivar es un modo profundo de conocernos y sentir nuestra propia esencia y construir a partir de ese reencuentro. 


  El Equipo Editor

 
 

 

 
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